Atardecer sediento-.
De rojos matizados se viste el cielo marabino como manto que se abre paso imponente robando el aliento de los presentes; mis pies juegan con el agua clara y ya calmada de ese vasto recinto. Épico.
Aquí Sedeienta, siento como otras veces, la seguridad y la pureza que nos infunden los lugares muy conocidos. Aquí mismo hace años inicié el borrador de la historia que hoy cuento y que vagamente recuerdo. En aquel entonces soñé escribir mi mejor poema, en el sentido melodramático del escenario.
Hoy, Dos tiempos y Dos Lugares. Mi tú. Mi sed. El insomnio estelar de seda.
Lo cierto es que poco recuerdo. Este atardecer parece remedar exactamente al de ese jueves y que parece ampararme en el hábito que contraje aquellos días de soñar de día y reir por las noches.

El rojo astro se ha escondido, no hay mucho por decir. Aún sueño con escribir ese poema.
Mi por siempre-jamás. De nuevo la sed. Las prosas que me quedan.
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